La ciudad de la luz
Superado el letargo veraniego y antes de que apriete el frío, Lutecia se viste de luz y otoño. Lo último y lo eterno se dan la mano en la capital francesa. La ciudad de los muelles, de los bulevares y las avenidas, de pasado glorioso y presente vibrante sigue siendo progenitora de importantes revoluciones sociales y culturales. Protectora y orgullosa de su pasado, lo cuida y complementa año tras año con propuestas vanguardistas. El eje creado por los paisajistas de la corte desde el Palacio del Louvre –museo emblema de la capital francesa– hasta los jardines de las Tullerías, la plaza de la Concordia, los Campos Elíseos y el Arco del Triunfo, se ha extendido hasta más allá del Sena con el nacimeiento del barrio financiero y comercial de La Défense, verdadero catálogo de arquitectura contemporánea. Y así, cada periodo de la historia, incluidas las últimas décadas del pasado siglo, han dejado un símbolo en la ciudad: desde la Torre Eiffel, metáfora del triunfo de la siderurgia en la arquitectura –y lugar predilecto de Óscar Wilde, que solía decir: "Estar en ella era la única forma de no verla"–, hasta el Centro Georges Pompidou, la pirámide de cristal del patio del Louvre o la Biblioteca Nacional. Así es París, donde el cielo es siempre azul, incluso en los ocasos.

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