Preludio (segunda parte)
Llegará el tiempo en que el sueño de Balder se verá horriblemente turbado. Noche tras noche se echará en su cama moviéndose inquieto, dominado por espantosas visiones de oscuridad. Las pesadillas durarán tanto tiempo que las noches parecerán eternas. Balder terminará por convertirse en un ser obstinado y deprimido deambulando por el Asgard sin hablar con nadie.
Los dioses empezarán a preocuparse seriamente y se reunirán en el Gladsheim para discutir el problema. Entonces redactarán una lista con los posibles medios que podrían matar a Balder. Terminada la lista, Frigga la cogerá y la llevará a cada uno de los rincones de los nueve mundos, haciendo prometer a cada uno de los que estén en la lista que no le harán daño a su hijo. A su regreso, todos celebrarán una fiesta y cada uno de los dioses arrojará contra Balder un objeto para probar su inmunidad: primero una piedra, luego una roca, un cuchillo, y así uno tras otro.
Pero los ojos Loki brillarán de maldad, y disfrazándose de anciana se dirigirá a la diosa Frigga. No la dejará en paz hasta saber que el muérdago fue el único que olvidó prometer. Loki se dirigirá al bosque, cogerá una gran rama de muérdago y afilará la punta. De vuelta a la sala observará a Hodur, el dios ciego, invitándole a probar suerte; llevará el brazo de Hodur hasta Balder, y lo empuñará con toda su fuerza. La lanza de muérdago atravesará el pecho de Balder que morirá en el acto. Y sin la luz y la verdad, el Ragnarok será anunciado a los dioses.

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