¿De Vuelta a la Cordura?...
Sólo entre sueños encontraré la respuesta a este mar de insomnio. En un instante una pesadilla deslizándose sobre mi almohada, y al siguiente es miel la que abraza mis fantasías. Aunque el viento y el tiempo se olviden de contestar, nunca dejaré de lado una filosofía. Porque la ingenuidad me absolverá de equivocarme.
No hay amanecer en esta ciudad y no sé si nací para andar, pero sí que nací para apostar. Porque la locura nunca tuvo maestro para los que vamos a bogar sin rumbo perpetuo. En cualquier otra dirección con tal de no domar los caballos de la exaltación. La rutina hace sombra a las pupilas, que se cierran a los disfrutes que nos quedan. Artista del pecado, algunas veces provocaré delirios ajenos, y otra más seré capricho del tiempo. La suerte se echa a andar cuando los dados ruedan sobre la mesa del destino, y si pretendemos ganar alguna vez, no queda de otra mas que jugar.
La luna ejerce extraños influjos que se contradicen y no hay quien descifre. Las rosas que hoy te acarician también saben lo que es pellizcar con delirio. Acorralado, entre el futuro y mi pared, cuestionando cada gota de tiempo, ¿a dónde llegaré?. Qué importa ya, los dados rodando están y la suerte se ha echado a andar.
Las calles sin aliento y su calma no es serena, la noche es una moda que ya no se queda. Un cielo que se llena de nostalgias y mis pasos ya cansados, en la puerta se han detenido. El silencio me abre secretos que ahora estan dentro de mí. Despierto del sueño y me doy cuenta que apenas empezará mi insomnio. En una gota se derrama el iris y su destino antes incierto ahora comienza a dibujarse en la mejilla. Sin rumbos perpetuos, ni oasis en desiertos, es ésta filosofía a la que apostaré algo más que la vida. Ganar o perder, sé que nunca me importa, lo que embruja es el riesgo y no dónde ir.
No hay amanecer en esta ciudad y no sé si nací para andar, pero sí que nací para apostar. Porque la locura nunca tuvo maestro para los que vamos a bogar sin rumbo perpetuo. En cualquier otra dirección con tal de no domar los caballos de la exaltación. La rutina hace sombra a las pupilas, que se cierran a los disfrutes que nos quedan. Artista del pecado, algunas veces provocaré delirios ajenos, y otra más seré capricho del tiempo. La suerte se echa a andar cuando los dados ruedan sobre la mesa del destino, y si pretendemos ganar alguna vez, no queda de otra mas que jugar.
La luna ejerce extraños influjos que se contradicen y no hay quien descifre. Las rosas que hoy te acarician también saben lo que es pellizcar con delirio. Acorralado, entre el futuro y mi pared, cuestionando cada gota de tiempo, ¿a dónde llegaré?. Qué importa ya, los dados rodando están y la suerte se ha echado a andar.
Las calles sin aliento y su calma no es serena, la noche es una moda que ya no se queda. Un cielo que se llena de nostalgias y mis pasos ya cansados, en la puerta se han detenido. El silencio me abre secretos que ahora estan dentro de mí. Despierto del sueño y me doy cuenta que apenas empezará mi insomnio. En una gota se derrama el iris y su destino antes incierto ahora comienza a dibujarse en la mejilla. Sin rumbos perpetuos, ni oasis en desiertos, es ésta filosofía a la que apostaré algo más que la vida. Ganar o perder, sé que nunca me importa, lo que embruja es el riesgo y no dónde ir.

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